José Berón, un Cantor tan Notable como Ignorado

(No Trascendió Pese a que fue Comparado con Agustín Magaldi)

Los hermanos Berón, que dieron un aporte importante al tango, fueron cinco: Adolfo, José, Raúl, Elba y Rosa. Sin duda, el que tuvo mayor repercusión popular y discográfica fue el del medio, Raúl, quien entre 1939 y 1955 fue sucesivamente cantor de las orquestas de Miguel Caló, Lucio Demare, Franchini-Pontier y Aníbal Troilo, alcanzando en esta última el ápice de su fama y de su éxito. ¿Sus mayores sucesos? “Al compás del corazón”, con Caló, “Malena” con Demare, “Como Tú” y “Uno y Uno” con Franchini-Pontier y “Discepolín” con Pichuco. Con este último también cantó, una década después, su hermana Elba, quien dejó en el disco registros memorables, como “Y a mí qué” y “Desencuentro”, obras en las que Cátulo Castillo volcó todo su talento y su inconformismo.
Pero, según no pocos expertos, José -el segundo de la dinastía- fue superior incluso a Raúl, al que le llevaba cinco años de edad. Ricardo García Blaya, por ejemplo, lo define como “uno de los tres cantores de culto” que tiene el género, con Osvaldo Cordó, que fuera vocalista de Osvaldo Fresedo, y el solista Dante Ressia. Otros lo ubican apenas algún escalón más abajo de Roberto Goyeneche y Floreal Ruiz. Pero fue Anselmo Aieta (hijo) quien afirmó, rotundamente, que “el tango emotivo tuvo dos voces insuperables, las de Agustín Magaldi y José Berón”.

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José Berón

Como su voz tenía una sonoridad aterciopelada, un fraseo personalísimo y una gran ductilidad, fue comparado muchas veces con su hermano Raúl, pero un oído fino marca enseguida las diferencias. En efecto, José era un tenor, con un timbre más potente, mientras el de Raúl tenía inclinaciones baritonales. Además, la modalidad vocal de José revela un fraseo más rotundo y sostenido.
Tras una trayectoria inicial en dúo con su hermano Adolfo, eximio guitarrista, que le sirvió para consolidar su amor hacia los temas camperos, tanto del tango como del folklore, en 1943 fue convocado por Emilio Orlando, que estaba renovando su orquesta típica con la incorporación de jóvenes elementos, como el bandoneonista (un virtuoso) Jorge Caldara.
José Berón se lució en LR1 Radio El Mundo, en el popular programa Ronda de Ases, pero con Orlando duró poco, apenas hasta 1945. Siguió un período de anonimato, con una breve incursión en la orquesta de Roberto Caló, y la grabación de un Larga Duración para el sello Music Hall, acompañado en el piano por Lito Escarzo y en guitarras nada menos que por Roberto Grela y José Canet. Ya el título de ese trabajo (“Tango y Criollismo”) habla de las preferencias que exhibía su repertorio, y que iban más allá de una concepción exclusivamente porteña del género. Esto emerge de sus temas, como “Lonjazos”, de Domenech y Fernández Blanco, el vals Virgen María” y “La Mariposa”, de Celedonio Flores y Pedro Maffia, cuya interpretación para su biógrafo Abel Palermo es la mejor de todas, después de la de Carlos Gardel.

La hermosa versión de “La Mariposa”, de Flores y Maffia, en la voz de José Berón

En 1959 fue a buscarlo a Rosario, donde se había radicado, el bandoneonista Enrique Alessio, quien se había separado de Juan D’Arienzo y estaba armando su agrupación propia. Allí compartió el rol de vocalista con Hugo Soler y grabó para el sello Pampa sus tres primeros acetatos estrictamente tangueros, cuyos registros han sobrevivido, por suerte, hasta nuestros días.
A través de ellos, quien los escucha puede captar fácilmente la exquisitez y la vibración de sus glosas. Son “Milonguita”, de Enrique Delfino y Samuel Lening, “Por las Calles del Tango”, de Alessio, Enrique Lay y el mismo Berón, y “No Pediste Perdón”, de Alberto Harari.
Pese a tratarse de una joya interpretativa de alto nivel, pero desconocida para el gran público, difundimos a continuación el audio de “No Pediste Perdón”.

“No pediste perdón”, en la estupenda interpretación de José Berón, acompañado por la orquesta de Enrique Alessio

Su trabajo con Alessio fue intenso pero breve, pues surgieron entre ambos discrepancias por los temas que José Berón debía interpretar. Alessio pretendió incluir en su repertorio motivos más comerciales, incluso con letras arrabaleras e incursiones lunfardas, en una tendencia heredada, sin duda, de su larga colaboración con la orquesta del Rey del Compás, que se había traducido en formidables éxitos grabados y en el aval popular que sus interpretaciones recibía. Pero José Berón no aceptó y se produjo la ruptura.
No estuvo mucho tiempo inactivo porque el año siguiente (1960) lo convocó, junto a Jorge Hidalgo, el bandoneonista Eduardo Rovira, quien se había separado de Alfredo Gobbi.

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Eduardo Rovira al piano, con José Berón a su derecha y Jorge Hidalgo a su izquierda

Rovira en aquel momento atraía la curiosidad del público tanguero por su estilo innovativo, fuera de los cánones tradicionales. Esta experiencia no duró mucho, porque al poco tiempo Rovira achicó su agrupación, tal vez por el escaso respaldo que encontró para el camino que había elegido, una verdadera fuga hacia adelante, al punto de tener en Astor Piazzolla un sincero admirador. En efecto, formó un sexteto sin cantores, con el que pudo interpretar a su propio gusto la forma de concebir al tango que había pergeñado.
José Berón grabó con Rovira un tema en un acetato simple que se convirtió en el que es sin duda el mejor trabajo de toda su carrera. Se trata de “Madre de los Cabellos de Plata”, cuya autoría pertenece a Juan Pedrero y Alejo Montoro, cuya versión grabada a continuación difundimos.

José Berón y su máximo éxito, “Madre de los Cabellos de Plata”

Pasó a la orquesta del pianista Miguel Nijensohn para reemplazar a Mario Bonet, mientras el otro cantor “histórico” de la formación, Jorge Budini, era sustituído por Jorge Garré. En mi modesta opinión, nunca José Berón estuvo tan bien acompañado como en este período, donde encontró el respaldo bien milonguero pero apoyado en el estilo personalísimo e inconfundible que Nijensohn volcó en las obras de las que fue autor, como “Anastasio el Pollo”, escrita en homenaje al clásico personaje de Estanislao del Campo.
Una muestra cabal es la grabación de “Me la Nombra el Viento”, con letra de Alfredo Bigeschi y música de Julio César Marini, en la que se puede escuchar la perfecta amalgama entre el cantor y el grupo orquestal y que a continuación difundimos. Con ella José Berón cerró su lamentablemente breve pero riquísima trayectoria por las salas discográficas.

Miguel Nijensohn, con su estilo tanguero inconfundible, acompaña a José Berón en “Me la Nombra el Viento”, con la hermosa letra de Alfredo Bigeschi

José Berón no cuidó su integridad física y quedó prisionero de una bohemia que no hizo sino agravar la enfermedad de diabetes que sufría desde joven. Retirado en Rosario, junto a sus seres queridos, y pese a su temprana edad, no volvió a incursionar en los estrados capitalinos del tango. Falleció el 26 de abril de 1976, a apenas 58 años de edad, cuando todavía -con una mayor prolijidad en su vivir cotidiano- podría haber dado mucho al tango. Para el que fue, y sigue siendo, un genio inconcluso.

Bruno Passarelli

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